Entonces hablaste en visión
a tu santo, y dijiste: He puesto el socorro sobre uno que es poderoso. Salmos
89:19.
El Señor los ama. El Señor
es tierno y compasivo. Su promesa es la siguiente: “Acercaos a Dios, y él se
acercará a vosotros”. Santiago 4:8. Cuando el enemigo se aproxime como una
inundación, el Espíritu del Señor levantará bandera contra él y en favor de
ustedes. Recuerden que Jesucristo es nuestra esperanza. En medio de las
circunstancias tristes y desanimadoras que les pueden sobrevenir en cualquier
momento, Cristo les dice: “Haga[n] conmigo paz; sí, haga[n] paz conmigo”.
Isaías 27:5.
La tarea de ustedes consiste
en echar mano de la fortaleza que es tan firme como el trono eterno. Crean en
Dios. Confíen en él. Manténganse alegres en toda circunstancia. Aunque sufran
pruebas, sepan que Cristo padeció estas aflicciones en favor de su herencia.
Nada es tan querido para Dios como su iglesia. El Señor mira el corazón. Sabe
quiénes son los suyos. Probará a toda alma viviente. “Muchos serán limpios, y
emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de
los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán”. Daniel 12:10.
Entonen himnos de alabanza y
gratitud los que aman a Dios y obedecen su Palabra, en lugar de pronunciar
acusaciones, de criticar y murmurar. El Señor bendecirá a los pacificadores.
Confíen en el Señor. No
permitan que los depriman ni los sentimientos, ni los discursos, ni las
actitudes de ningún ser humano. Tengan cuidado que ni sus palabras ni sus actos
les den a los demás la ventaja de herirlos. Mantengan la vista fija en Jesús.
El es la fortaleza de ustedes. Al contemplarlo, se transformarán a su
semejanza; será la salud del rostro de ustedes, y su Dios.
La iglesia los necesita, y
ustedes necesitan suavizar y someter sus propios sentimientos por causa de
Cristo. El quiere que su Santo Espíritu obre en ustedes. Entonces estarán en
condiciones de impartir vida y consuelo a la iglesia. Elijan bien sus palabras
de manera que sean una bendición para ella. No se aflijan por las
inconsecuencias de los demás. Preocúpense de ustedes mismos, y sean
consecuentes en todo.*