DESPEJAR
El Toro sigue en la plaza
MISAEL TAMAYO NÚÑEZ
El senador Félix Salgado cerró ayer sus asambleas con una marcha multitudinaria en la capital del estado y una concentración en la plaza central de la ciudad, donde anunció que por la entrada en vigor del proceso electoral constitucional suspendió las de Costa Chica y la Montaña que ya se tenían programadas.
Sin embargo, continuará movilizado con visitas casa por casa en todas las regiones de la entidad, comenzando por la Costa Grande, para llevar el mensaje de la defensa de la Cuarta Transformación.
Félix adelantó su cierre con una asamblea estatal en Chilpancingo, desde donde declaró que Morena no es un partido político más, sino que representa la transformación de México, e hizo un amplio llamado a la unidad de los morenistas en Guerrero y en todo el país, principalmente ante la embestida de la derecha y sus planes de aliarse para detener el avance de Morena, de cara a los comicios intermedios de 2027 y a los comicios presidenciales de 2030.
Los felixistas se volcaron a las calles con sus grupos políticos para arropar a Salgado Macedonio, demostrando todos su músculo político, sobre todo quienes aspiran a diputaciones federales, locales y ayuntamientos. De hecho, varios ya se han destapado, como Jesús Urióstegui, diputado local con licencia y ex presidente del Congreso, se registrará como aspirante a la coordinación municipal de Chilpancingo. Asimismo, Ricardo Salinas, hijo del presidente del Tribunal de Justicia del estado, aspira a la coordinación de Acapulco.
Acompañaron a Félix su esposa y sus hijas Liz y Celeste Salgado Pineda, quien se dice ambas aspiran a diputaciones locales.
Y no pudo faltar el grito de guerra de los felixistas: “¡Hay toro!”, y en la marcha coreraron: “¡Félix gobernador!”
En entrevista posterior, Félix afirmó que no levantará la mano a quien resulte coordinador estatal de Morena, porque no es su estilo, pero sí lo respaldará.
Reafirmó que es de Morena y se queda en Morena, ante la pregunta de si el partido guinda le falló al no reconocer 40 años de trayectoria en la izquierda.
Pero indicó que precisamente por su experiencia en la política conoce los tiempos y las circunstancias, que por disposición federal hoy no le favorecen.
Pero, cabe aclarar, eso no quiere decir que el felixismo se vaya a la fría banca. Al contrario, por eso están movilizados y seguirán con su trabajo de base para, llegado el momento, exigir lo que les corresponde.
El mensaje en este contexto de asambleas masivas podría ser que sin los toros, nadie que aspire a gobernar Guerrero por Morena podrá ganar, a menos que reconozca su fuerza política y le garantice espacios de poder.
Y es correcto porque eso es parte del juego democrático y de la vida: el que siembra, tiene derecho a cosechar.
Eso es lo más lógico y como bien dijo ayer Félix Salgado, aunque él no sea el coordinador, no significa que se va a ir a la cama a deprimirse. No podría, porque no se trata de un proyecto político personal, sino de grupo, y de él dependen muchos más en la pirámide del poder. Sin el liderazgo del de las Querendas, los toritos y toritas tendrían que navegar solos, sin cobertura y sin quien los represente arriba.
Que ya no son esos tiempos, dicen. Que en Morena todo es distinto. Pero se equivocan. En la lucha por el poder, desde los tiempos más remotos y en todas las culturas, los grupos funcionan. Y en política, podemos afirmar, no hay llaneros solitarios.
Por eso, lo que ayer se vio en Chilpancingo no fue el Toro y su gente. Fue la gente del Toro empujando a su líder a tomar la plaza más importante del estado, para dejar en claro que están ahí, que existen, que nadie los puede ignorar.
Por supuesto Félix cumple el reto y anuncia que seguirá movilizado, aunque ya no con asambleas masivas. Pero seguirá en reuniones de petit comité, visitando a amigos, a liderazgos municipales y regionales, para acompañarlos en el proceso interno.
Por eso también a lo largo de este proceso interno que está por definirse, los felixistas se han matenido en torno a su líder. No han declinado por nadie. Tienen la instrucción de mantenerse al margen. Y salvo algunos que ya asistieron a reuniones con otros aspirantes a la coordinación estatal, la gran mayoría de ellos está firme en torno a Félix.
El que se calló de plano fue el ex priísta Sofío Ramírez Hernández. Tras el accidente que protagonizó en Costa Grande, el mismo Félix lo mandó a callar. Y eso fue vergonzoso, pero Sofío no rajó y ayer se le vio en la marcha de Chilpancingo, pero en el lugar de la tropa, no de los jefes. Arriba, en el estrado, solamente estuvo la familia.
Sin embargo, no podemos negar que Sofío hizo su chamba, cumplió con el objetivo: decir lo que los demás no podían y afirmar recio y quedo que Félix será el gobernador de Guerrero, que no podían conculcarle sus derechos, que los estatutos del partido no pueden estar por encima de la Constitución, etcétera, y todo como parte de este apretado juego del poder en la entidad.
En los próximos meses veremos cómo se van acomodando los felixistas y qué tanto terreno pueden ganar. Los adversarios, principalmente la gente de Esthela Damián, acusan a los felixistas de querer todo: diputaciones federales, locales, ayuntamientos y hasta cargos en el gabinete. Obvio, eso les pesa porque son espacios que ya tienen apalabrados con los expriístas, a quienes le deben el apalancamiento en distritos y municipios. Lo bueno que al paso de la carreta, se acomodan las calabazas.