Editorial
¡Sereno, Moreno!
Tampoco amagará con irse del partido. Acepta que es soldado, no General, y que se quedará en Morena, a propósito de que ya hay quien lo está perfilando como candidato del Verde o del PT e incluso el nuevo partido rosa, antes llamado Somos México, pero al que obligaron a buscar otro nombre; entonces se quedaron con “Somos”.
Pero realmente no vemos a Félix Salgado Macedonio fuera del partido guinda. Mucho menos haciéndole de chivo los tamales a Morena y a la presidenta Sheinbaum. Eso implicaría arrastrar con él a todo su grupo político; gente que ya está con un pie en el poder en los principales municipios y distritos del estado, y otros que piensan reelegirse, aprovechando que “siempre sí” se les dará permiso para ello, aunque se dijo inicialmente que desde 2027 el partido guinda aplicaría la no reelección.
¿Quién lo seguiría? ¿Cuántos se sacrificarían con él, para ir a repoblar tierras áridas, en partidos nuevos, o en partidos ya viejos que, además, han estado vinculados al viejo régimen, como el Verde que desde su creación y hasta 2018 fue aliado del PRI?
Félix no es bisoño en esto de las lides políticas. Sabe también que algo sacrificó en 2021, cuando logró que su hija Evelyn fuera la gobernadora de Guerrero. A diferencia de Raúl Morón en Michoacán, quien le dio pase a Bedolla, esperando 6 años para tener su oportunidad, Félix tuvo el tino de tomar al vuelo la opción para que Morena tuviera su primera gobernadora mujer en estas tierras surianas. E hizo bien, porque en este momento Morón tiene una elevada competencia y es probable que no sea el candidato, porque en las encuestas lo supera Carlos Torres Piña.
La política es un albur. Si Félix hubiera dejado pasar, por ejemplo a Pablo Amílcar Sandoval, o al finado Luis Walton Aburto, otra historia estaríamos contando. Un gobernador tiene muchas más probabilidades de cambiar el rumbo de un partido. Tiene dinero y poder, y la antesala de las elecciones de 2027 fueron las locales de 2024. El grupo político que más gente colocó en cargos de elección popular fue el que se proyectó para la siguiente elección.
Por su edad, además, Félix no podía darse el lujo de pasar la pelota. ¿Quién le garantizaba 6 años más de vida o, vamos, siquiera de salud suficiente para esperar todo un sexenio, volver a competir y gobernar otros 6 años? Para 2027, Félix tendrá 70 años, y si fuese el candidato, al final de su sexenio tendría 76. Casi 80. Suponiendo que se mantuviera saludable, podría llevar a buen puerto al estado. De lo contrario, viviríamos otro interinato. Por eso, sabia virtud de conocer el tiempo. “Machete, tate en tu vaina”, como decimos los guerrerenses. O, algo más ad hoc: ¡Sereno, Moreno!