He aquí que aquel cuya alma
no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá. Habacuc 2:4.Libros
sobre Fe
En el tiempo en que Josías
empezó a reinar, y durante muchos años antes, los de corazón fiel que quedaban
en Judá se preguntaban si las promesas que Dios había hecho al antiguo Israel
se iban a cumplir alguna vez…
Estas preguntas llenas de
ansiedad fueron expresadas por el profeta Habacuc. Considerando la situación de
los fieles en su tiempo, dio voz a la preocupación de su corazón en esta
pregunta: “¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás?…”. Y luego, como su
fe se extendía hasta más allá de las perspectivas penosas del futuro inmediato
y confiaba en las preciosas promesas que revelan el amor de Dios hacia sus
hijos que manifiestan confianza, el profeta añadió: “No moriremos”. Con esta
declaración de fe, entregó su caso y el de todo israelita creyente, en las
manos de un Dios compasivo…
La fe que fortaleció a
Habacuc y a todos los santos y justos de aquellos tiempos de prueba intensa,
era la misma fe que sostiene al pueblo de Dios hoy. En las horas más sombrías,
en las circunstancias más amedrentadoras, el creyente puede afirmar su alma en
la fuente de toda luz y poder. Día tras día, por la fe en Dios, puede renovar
su esperanza y valor. “El justo en su fe vivirá”…
Debemos apreciar y cultivar
la fe acerca de la cual testificaron los profetas y los apóstoles, la fe que
echa mano de las promesas de Dios y aguarda la liberación que ha de venir en el
tiempo y de la manera que él señaló. La segura palabra profética tendrá su
cumplimiento final en el glorioso advenimiento de nuestro Señor y Salvador
Jesucristo, como Rey de reyes y Señor de señores… Con el profeta que procuró
alentar a Judá en un tiempo de apostasía sin parangón, declaremos con
confianza: “Jehová está en su santo templo: calle delante de él toda la
tierra”. Recordemos siempre el mensaje animador: “Aunque la visión tardará aún
por tiempo, mas al fin hablará, y no mentirá: Aunque se tardare, espéralo, que
sin duda vendrá”. La Historia de Profetas y Reyes, 283-286.