Gracia y paz os sean
multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús. Como todas
las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su
divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y
excelencia. 2 Pedro 1:2, 3.
En el primer capítulo de la
segunda epístola de Pedro, hallaréis esta recomendación: “Vosotros también,
poniendo toda diligencia por esto mismo, mostrad en vuestra fe virtud, y en la
virtud ciencia; y en la ciencia templanza, y en la templanza paciencia, y en la
paciencia temor de Dios; y en el temor de Dios, amor fraternal, y en el amor
fraternal, caridad”. 2 Pedro 1:5-7. Estas virtudes son tesoros admirables…
¿No nos esforzaremos por
aprovechar lo mejor que podamos el poco tiempo que aún nos queda en esta vida
para añadir una gracia a otra, y una potencia a otra, mostrando que tenemos
acceso, en los lugares celestiales, a una fuente de poder? Cristo dijo: “Toda
potestad me es dada en el cielo y en la tierra”. Mateo 28:18. ¿Para quién le es
dada esta potestad? Para nosotros. El quiere que comprendamos que volvió al
cielo como nuestro Hermano mayor, y que el poder inconmensurable que se le dio
está a nuestra disposición…Maranatha
En todo lo que hacemos y
decimos, debemos representar a Cristo. Debemos vivir su vida. Los principios en
que se inspiraba deben dirigir nuestra conducta hacia las personas con quienes
colaboramos. Cuando estamos anclados firmemente en Cristo poseemos un poder que
ningún ser humano puede quitarnos.—Joyas de los Testimonios 3:384.
La impremeditada e
inconsciente influencia de una vida santa, es el más convincente sermón que
puede predicarse en favor del cristianismo. Puede ser que los argumentos, por
irrebatibles que sean, no provoquen más que oposición; pero un ejemplo piadoso
entraña fuerza irresistible.—Los Hechos de los Apóstoles, 407.
Dios ha revelado por medio
de su Hijo, la excelencia que el hombre puede alcanzar. Y Dios nos está
desarrollando, para que aparezcamos ante el mundo como testigos vivientes de lo
que el hombre puede llegar a ser a través de la gracia de Cristo.—Nuestra
Elevada Vocación, 110.