Yo soy el pan vivo que
descendió del cielo… y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la
vida del mundo. Juan 6:51.
La única seguridad para
cualquiera de nosotros consiste en plantar firmemente nuestros pies sobre la
Palabra de Dios y estudiar las Escrituras, para hacer de ellas nuestra
constante meditación. Díganle a la gente que no acepten las opiniones de nadie
con respecto a los Testimonios, sino que los lean y los estudien por sí mismos,
y entonces verificarán que concuerdan con la verdad. La Palabra de Dios es la
verdad. Acerca del hombre bueno el salmista afirma: “En la ley de Jehová está
su delicia, y en su ley medita de día y de noche”. Salmos 1:2. Quien aplique la
mente y el corazón a esta tarea obtendrá una experiencia sólida y valiosa. El
Espíritu Santo está en la Palabra de Dios. Aquí encontramos el elemento
viviente e inmortal presentado en forma tan definida en el sexto capítulo de
Juan…
Creamos en la Palabra de
Dios. Quien se alimente de ese modo del Pan del cielo, y se nutra así todos los
días, sabrá qué significan las palabras: “No necesita que nadie le enseñe”.
Disponemos de lecciones puras procedentes de los labios de nuestro Dueño, que
nos ha comprado por el precio de su propia sangre. La preciosa Palabra de Dios
es un fundamento sólido sobre el cual podemos construir. Cuando aparezcan los
hombres con sus suposiciones, díganles que el gran Maestro les ha dejado su
Palabra, que es de incalculable valor, y que ha enviado un Consolador en su
propio nombre, es a saber, el Espíritu Santo. “El os enseñará todas las cosas,
y os recordará todo lo que yo os he dicho”. Juan 14:26.
Aquí se nos presenta un rico
banquete, del cual pueden participar todos los que creen que Cristo es su
Salvador personal. Es el árbol de la vida para todos los que sigan
alimentándose de él…
Todos los que estudian estas
preciosas declaraciones recibirán gran consuelo. Si desean participar del
banquete de la Palabra de Dios, obtendrán una experiencia del más alto valor.
Verán que en comparación con la Palabra de Dios, la del hombre es como paja con
respecto al trigo.
La Palabra de Dios me dice
que sus promesas son para mí y para cada hijo del Señor. El banquete está
servido delante de nosotros. Se nos invita a alimentarnos de la Palabra de
Dios, que fortalecerá músculos y tendones espirituales.