“Y hubo un gran terremoto;
porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la
piedra, y se sentó sobre ella”. Mateo 28:2.
Si después de la crucifixión
y sepultura, los discípulos, en vez de dar lugar a su dolor, hubieran repasado
detenidamente lo que Cristo les había
dicho a fin de prepararlos para esta ocasión, habrían visto una luz en medio de
las tinieblas. No habrían caído en semejante desfallecimiento y
abatimiento.Libros cristianos
Hubo un gran terremoto antes
que nadie llegara al sepulcro. El ángel más poderoso del cielo, el que ocupaba
el lugar del cual cayó Satanás, recibió su orden del Padre y, revestido con la
panoplia del cielo, quitó las tinieblas de su camino. Su rostro era como un
relámpago y sus vestidos blancos como la nieve. Tan pronto como sus pies
tocaron la tierra ésta tembló bajo su pisada. Los guardias romanos estaban
cumpliendo con su cansadora vigilia cuando sucedió esta maravillosa escena, y
se les dio fuerza para que soportaran el espectáculo, pues tenían que dar un
mensaje como testigos de la resurrección de Cristo.
El ángel se aproximó a la
tumba, apartó la piedra como si hubiera sido un guijarro, y se sentó sobre
ella. La luz del cielo rodeó la tumba y todo el cielo fue iluminado con la
gloria de los ángeles. Entonces se oyó su voz: “Tu Padre te llama; sal fuera”.
Y Jesús salió de la tumba con el paso de un Conquistador poderoso. Se produjo
entonces un estallido de triunfo, pues la familia celestial lo estaba esperando
para recibirlo. Y aquel ángel poderoso, seguido por el ejército del cielo, se
inclinó ante él para adorarlo mientras Jesús, como el Monarca del cielo,
proclamaba sobre la tumba de José: “Yo soy la resurrección y la vida”.
Cuando Cristo en la cruz
exclamó: “Consumado es”, se produjo un terremoto que abrió las tumbas de muchos
santos y fieles que habían dado testimonio en contra de toda obra malvada y
habían enaltecido al Señor Dios de los ejércitos. Ahora, cuando el Dador de la
vida salía del sepulcro proclamando: “Yo soy la resurrección y la vida”,
convocó a estos santos a salir de sus tumbas. Éstos, mientras vivieron, dieron
un testimonio inquebrantable en favor de la verdad. Y ahora, nuevamente,
habrían de ser testigos de Aquel que los había levantado de los muertos. El
Señor dijo: Éstos ya no serán cautivos de Satanás. Los he redimido y los he
sacado de la tumba como los primeros frutos de la manifestación de mi poder;
para que estén donde yo estoy y para que nunca experimenten aflicción ni vean
más muerte.—Manuscrito 115, 1897.Seguros de Vida